Juan Gutnisky-
*libro el sentido de la vida*
Prologo:
Una madre da a luz y por doquier se oye: “¡Qué hermoso niño!”. Alguien muere y rara vez se dice: “¡Qué hermosa vida!”. Hemos sido educados menos para la muerte que para el nacimiento, menos para la finalización de las cosas que para su inicio.
Aprendemos a conseguir un trabajo pero no a ser despedidos; a iniciar una relación de pareja pero no a separarnos; a emprender un viaje pero no a regresar; a ser jóvenes pero no a envejecer; a entusiasmarnos con una idea pero no a abandonarla cuando no existen buenas razones para seguir sosteniéndola. El arte de la cesación ameritaría un interés mayor por parte de la literatura filosófica.
Dejar de comer en el momento apropiado no es menos relevante que disfrutar de una estupenda cena, irse de una fiesta oportunamente no es menos relevante que disponer de buen ánimo para llegar a ella. Despedirse es un arte, y quizá de los más arduos, en particular en una cultura que, en su afán de eternidad, concibió vidas después de la vida, almas desencarnadas y resurrecciones de cuerpos.
Cuando las promesas de la religión perdieron credibilidad, la medicina hizo suyo el afán de vida eterna, ocupándose con éxito del arte de prolongar la existencia. La religión y la ciencia a menudo nos han hecho creer que lo eterno es la medida de lo valioso. Si no, ¿por qué dudar del sentido de la vida solo porque es finita? Lucrecio escribió: “¿Por qué te lamentas de que tu vida no sea infinita si al fin y al cabo no te lamentas por no haber estado en la guerra de Troya?”. La muerte, desde esta perspectiva, sería indistinta del tiempo anterior a nuestro nacimiento.
Si celebramos los comienzos de las cosas, ¿por qué no celebrar su fin cuando aquello que ha concluido lo amerita? Tras una vida plena, ¿por qué no aceptar serenamente la experiencia humana de morir? Algunos creen que las lágrimas son a veces una respuesta inapropiada a la muerte, que cuando una vida ha sido vivida de manera honesta y plenamente, es mejor recordarla con una sonrisa.
Si festejamos la potencialidad del inicio, cuando todo parece viable pero aún es incierto, ¿por qué no festejar o, cuando menos, valorar el final de lo que ha sido pleno? Es lo que hacen los mexicanos el 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, en una fiesta que funde la tradición prehispánica con la católica.Toda la familia llega a la tumba del ser querido, la llenan de flores y juntos comparten una deliciosa comida bajo el lema: “El muerto al cajón y el vivo al fiestón”. Probablemente el mexicano también tenga miedo a morir; sin embargo, a diferencia de otros pueblos, lo refleja jugando, burlándose y conviviendo con la muerte.
Los niños comen calaveras de azúcar, “pan de muerto” (un bizcocho adornado con masa en forma de hueso, que venden en todas las panaderías), se divierten con juguetes funerarios y con unas figuritas de cartón que, vestidas de papel negro y con cabeza de garbanzo, sostienen pequeños ataúdes. Los adultos recitan versos llamados “calaveras”, en los que se ridiculiza a quienes temen a la muerte y a personajes vivos del mundo de la política o de las artes. Empiezan el día rezando por sus difuntos y lo terminan brindando por su salud.
*libro el sentido de la vida*
Los filósofos clásicos recomendaban: “Si quieres amar la vida, prepárate para la muerte”. Nuestra finitud da un sentido a la vida, del mismo modo que el dolor da un sentido al placer. Sin embargo, vivimos como si fuéramos inmortales, especialmente en tiempos en que la muerte ha sido borrada de la vida cotidiana de las personas. Pensar demasiado en la muerte quizá nos reduciría a la inmovilidad. Pero no pensar nunca en ella puede llevarnos a malgastar nuestra vida.
La primera parte de este libro está dedicada a reflexionar sobre la muerte y la segunda a reflexionar sobre el sentido de la vida. El envejecimiento, el arte del buen morir, el cambio, la jerarquía de valores, la acción de elegir, la convivencia, la construcción de nuevos sentidos posibles para la existencia, los usos del humor en la resolución de problemas, la gratitud y la vida como obra de arte son algunos de los temas desarrollados desde una perspectiva teórica y práctica. Con humor, un lenguaje claro y la inclusión de breves relatos, se revisan los argumentos más considerados hasta el momento en relación a la muerte y al sentido de la vida, y se aportan otros con el propósito de renovar el interés por dos de los temas filosóficos clásicos que más pueden contribuir al bienestar humano.
Nos gastamos más de la mitad de la vida buscando a alguien que se parezca tanto a nosotros para que nos lo llevemos a la casa y podamos empreder un especie de aventurasentimental. Pero siempre decimos: “tiene que ser igual a mí” como si nosotros fuesemos la gran cosa. De repente a uno le pasa que después de un rato de tratar de conseguir a una gente así, descubre que después del tiempo ella sale delcuarto, saca la cabeza y dice: “noche” y uno le contesta: “día”, porque así nada más… Uno dice: “blanco”, ella dice: “negro”, a uno le gusta el fútbol, a ella le gusta el baseball y entonces uno comienza a cometer errores. Uno trata de largarse del lugar, voltea a ver y se supone que tendría que estar pero se largó antes que nosotros. Uno va y busca por la vida un nuevo camino. Entonces uno se busca una mujer que se parezca mucho a nosotros, una que le guste el fútbol también. Y se consigue a una chica que le gusta el fútbol y ella se consigue a un tipo que le gusta el baseball. Y cada uno emprende su nuevo camino. A mí me pasó y era impresionante cuando empecé a salir con esta chica porque yo decía: “hoy tengo ganas … como no sé… de ir al cine” y ella me decía: “es justo lo que estaba pensando, yo también quiero ir al cine”. Íbamos a un bar, yo pedía un trago, pedía: “a mí me da un tequila, por favor” y ella decía: “yo también quiero un tequila, me encanta el tequila”. Entonces se convierte todo en algo tan maravilloso, tan organizado y tan perfecto que me bastaron 14 días para aburrirme totalmente de aquella mujer. Mientras por el otro lado, la que se fue con el basebolista, estaba padeciendo la misma historia, sólo que ella aguantó un poquito más que yo, aguantó 15 días.Al día número 16 nos hablamos por teléfono, nos citamos en un café, charlamos un rato y llegamos a la maravillosa conclusión que para ser amigos es importantísimo ser bastantes parecidos y afines, pero para ser amantes y amarse no hay nada mejor en el mundo que ser distintos.






